lunes, 12 de marzo de 2012

Un olvido imposible

Enérgico, aguerrido, innovador y sobre todo granadino. Así era don Enrique. El cantaor del famoso barrio del Albaicín, se ha convertido en una grandes leyendas del flamenco, así como en uno de los artistas más controvertidos entre el flamenco ortodoxo junto a autores como el gaditano Camarón de la Isla.


Considerado como uno de los renovadores del cante flamenco, Morente acercó estilos tan antagónicos como el blues, el jazz o incluso el rock a una música que era totalmente cerrada hasta finales de los años setenta del pasado siglo. Así mientras en su disco Lorca, acerca el jazz a un flamenco distorsionado, flexibilizado y siempre líquido; en un ataque de valentía y de coraje crea en 1996 junto a Lagartija Nick, Cañizares, Tomatito y Estrella Morente (tomando la alternativa) el disco Omega, que marcaría un hito en la música española y una frontera entre la visión ortodoxa y la visión heterodoxa del flamenco en concreto, y del folkclore español en general. Un álbum que recogería y fusionaría los sonidos rock e indie de Lagartija Nick con los quejidos y la voz rota de Enrique Morente.


A fecha de hoy, y tras un año sin el maestro Enrique, Lagartija Nick y el también grupo granadino Los Planetas  han querido rendir un tributo especial a la obra del genial Morente. Con colaboraciones de otras artistas actuales del flamenco como Carmen Linares y cercanos al artista como su hija Soleá Morente, Homenaje a Enrique Morente ha querido recoger temas famosos del cantaor como La Estrella o Yo poeta decadente  intentando llevar a cabo la fusión, que según cuentan los protagonistas, hubiese querido don Enrique.

El disco, con algunos tintes religiosos, según cuenta Antonio Arias, líder del grupo Lagartija Nick, en una entrevista al periódico La Razón,  no tiene el sentido de adoctrinar, sino más bien de envolver al oyente en un ambiente místico y cercano al pensamiento del mismísimo San Juan de la Cruz. Es más, lo considera totalmente laico y apartado del entorno religioso o católico.

Producido por Martin "Youth" Glover, productor de exíto de grupos como Depeche Mode y bajista del grupo Killing Joke, el álbum ha alcanzado para ellos unas cotas que resultaban casi imprevistas sin la impresionante figura del artista creador. Su misticidad, catalogada por Arias y por Erik (batería de Lagartija Nick) como una "misa sónica" han hecho de un proyecto un trabajo digno de tesis y de ejemplos notables de fusión musical. No obstante, la facción ortodoxa de la ideología es una parte de ésta con la que es imposible tropezar. En ese supuesto caso, y como dicen Los Evangelistas, grupo producido entre Los Planetas y Lagartija Nick por y para la creación de este album tributo, "al menos disfrutaremos de lo que hemos creado".

El disco se puede comprar en Fnac. Para más información, pinche aquí.


domingo, 11 de marzo de 2012

Una voz que acepta reproches

Ayer no fue un día cualquiera. En los días catalogados como cualquiera pasas las horas del susodicho día tirado en un sofá, con una bebida cualquiera en mano, leyendo tweets estúpidos y pasando páginas llenas de tonterías. Tampoco fue un domingo cualquiera. Los domingos cualquiera los pasas además de tirado en el sofá, viendo el fútbol y comiendo pipas a más no poder. Hasta que una cáscara se te atraviese y tengas que ir a la cocina a por un vaso de agua. Entonces, te tienes que levantar del sofá y conviertes a tu domingo cualquiera en un domingo especial. Lo elevas. Lo evolucionas. Le das vida.


Sin embargo, y como decía, ayer no fue un día cualquiera. Era domingo. Pero tampoco era un domingo cualquiera. Es verdad que tener la mala suerte de llamarte 11 y de apellidarte con la letra M no acompaña mucho a convertirte en uno más del grupito de los 365, pero por otra parte, ayuda a que todos los ojos se te claven en ti y que te den, en mayor o menor medida, una importancia relevante. Te valoran, te relacionan e incluso hacen una especie de retroalimentación sobre tu espíritu. Un espíritu que se empañaría de negro a partir de esa cita que tuviste con el año 2004.


Todo comenzó cuando, ayer por la tarde me dirigía en tren, en cercanías, junto a la vía de las explosiones, junto al lugar de los hechos, hacia la estación de Sol. Algún que otro escalofrío y que otro vello de punta me describía, sin casi vivirlo en directo, cada una de las escenas dantescas que en esa estación de Atocha se dieron lugar hace ya ocho años. No obstante, y sin eliminar emociones y empíricas realidades; la intrahistoria me hace mella y el conocimiento de la verdad, como intento de periodista, es algo que por naturaleza me atrae.

Los informes del comité de investigación convocados por los partidos parlamentarios están ahí. Están registrados en la página del Congreso de los Diputados y se trata de documentos analizados exhaustivamente y contrastados por fuentes. ¿Por qué se cortó le cortó al comité de investigación, en gobierno del PSOE, que siguiese informando de las distintas pruebas que concluían una colaboración de ETA con Al-Qaeda? ¿Por qué se negaba de la relación de etarras con árabes en las cárceles cuando verdaderamente existía? ¿Por qué, esa semana, en el País Vasco, ETA comenzó a difundir octavillas en las que se decía a los vascos que no cogiesen el tren? Y ahora, con los datos difundidos actualmente. ¿Por qué se desmanteló un tren tan rápido cuando en accidentes ferroviarios anteriores se tardaron en desmantelar los trenes más de un año? ¿Acaso ya se habían investigado todas las pruebas? ¿Y por qué al desmantelarlo, según testimonios, existía cabello entre el amasijo de hierros?

Existen demasiadas lagunas para el atentado con mayor números muertos perpetrado en Europa hasta ese día. La duda ofende cuando existe y aquí, cuando se lleva por delante a trescientas almas, casi indigna. Todavía me pregunto por qué existe tanta rudeza, por qué tanta hostilidad frente a este tema cuando nos encontramos ante una democracia consolidada y en un sistema que es considerado como viable. Ya casi es inevitable afirmar que no existe un debate público en un tema mediado por la censura . Una censura basada en limitar la libertad de expresión y limitar la relevancia del 11-M dentro de los medios. (Y luego dicen que no se alimenta al maniqueísmo).

Por último tengo que  decir que ya sé que es muy fácil al posicionarte en cierta postura u otra que te cataloguen como de los de azul o de los de rojo, pero yo no busco nada de eso. Busco una realidad justa. Una verdad que no atienda a maquiavelismos. Una verdad que por el simple hecho de serla y  que sin adjetivaciones tienda a la justicia.




lunes, 5 de marzo de 2012

Vistiendo de verde y oro, como cualquiera

Hablamos, comemos, dormimos, amamos, andamos, protestamos, estudiamos, leemos, saludamos, despreciamos, alabamos...así como miles de verbos que indican una cierta acción y una cierta consecuencia. El hombre, por sí, se mueve. Una función inquieta que dentro de lo que cabe aceptamos, que nunca o casi nunca, apreciamos y que, como todo, tiene un determinado origen. 

Hoy, de forma súbita y documentada, me atrevo a decir que conozco uno de los pilares por los que el hombre, se mueve y hace que todos los verbos que antes he citado sean posibles y puedan tener una existencia justificada en el uso dentro de la RAE. Todo se resume en un solo sustantivo: morbo.

Este jueves, tras un hipervínculo, me encontré con una noticia que se convirtió en el detonante de todas las sospechas que tenía encima de este sustantivo. El domingo día cuatro de marzo, Juan José Padilla iba a ponerse delante de un toro por primera vez después de que en Zaragoza, en octubre del pasado año, otro morlaco se llevase en la punta de su pitón la visión de su ojo izquierdo.

En teoría, una noticia como esta no debería ir más allá de los reconocimientos de superación o de valentía hacia un sujeto que sinceramente, en escasos meses, le ha plantado cara a un oficio por el que siente pasión y por el que literalmente muere. Sin embargo, las fronteras de lo alabable en los medios no existen. Si existe un móvil que pueda mover masas basándose en criterios emotivos y puramente estéticos, exprímelo hasta que el toro de Padilla (o el mismo Padilla, si cabe por duro que parezca) derrame su última gota. ¡Qué no caigan los debates, qué se revolucionen los informativos! A falta de héroes contemporáneos, vamos a crear los nuestros. 
(Véase ésto)

Lo comercial es lo que vende y si se tienen conocimientos de sociología mejor que mejor. 

Seamos honestos, seamos fieles a la verdadera función de nuestro ser: la vocación. El periodista no debería acabar en la polémica, en el sensacionalismo. Si hemos elegido esta profesión es porque, al igual que el torero que se enfrenta a un par de pitones que pueden sacarte un ojo, el profesional vocacional no se acobarda, no se amilana ante las situaciones. El profesional vocacional se ha educado en querer a su profesión y en conseguir el más difícil todavía, en matar por un simple reportaje que solo tiene el objetivo de informar.

Quitémonos estereotipos, quitémonos antifaces. Cojamos la noticia de Padilla y, como críticos, leámosla de arriba a abajo y hagamos de ella una nueva síntesis. Una síntesis que incita a un inevitable paralelismo y que destruye el hecho noticioso en su totalidad. Simplemente, Padilla, al igual que multitud de personas anónimas en este país y dejando de un lado ideologías y polémicas, es una de esos individuos a los que le da igual que su trabajo les de un revolcón. Porque lo aman. Porque han creído en la vocación.



miércoles, 29 de febrero de 2012

Proyecto de columna con verdades imprecisas

Como en una macabra historia, se abre el telón y aparece un señor barbudo que sujeta una pancarta. De su pulsera cuelga un Rolex. Viste con camisa Emiddio Tucci y su americana está valorada en 500€. Detrás de nuestro personaje, una enaltecida población grita y demanda medidas alternativas para reducir un 25% de desempleo. Él, por su parte, sabe que cuando termine esa agotadora jornada, llegará a casa y se encontrará con una copiosa cena y con una sirvienta masajeándole los pies. Mañana será otro día.

Breve historia digna de algunas de las animalizadas fábulas de Samaniego, para nuestro pesar, corresponde a la cruda realidad sindical española. UGT y CC.OO se han convertido en las empresas más grandes del territorio español y se han dedicado principalmente a la producción de la falacia. Empresas como la Generalitat Valenciana o el Instituto Noos  les han aplaudido y les han dado la bienvenida a un sector cada vez más prolífico: el de la financiación fraudulenta y el de la especulación.

Según datos oficiales, las adoradas cerditas chupópteras de la mamá Estado se han tragado más de 500 millones de euros en subvenciones europeas y españolas destinadas “supuestamente” a crear empleo y  fomentar la formación profesional. Sin embargo, los hechos ahí están.  El sindicalismo nacional se ha convertido en un actor que maneja los hilos de un títere llamado trabajo y de las conformidades y disconformidades de éste. Paradójicamente, sus manifestaciones y movilizaciones, donde el mayor gasto es la compra de bocinas y carteles, son el “duro azote” hacia el gobierno. ¿Y el resto del dinero, donde está? ¿Los cursos formativos? ¿El empleo? Tenemos que estar orgullosos: estamos pagando impuestos para vestir y  bañar en oro a nuestros incansables defensores obreros.

Los sindicatos, organizaciones supuestamente apolíticas y defensoras acérrimas del trabajador, se constituyeron fundamentalmente para salvaguardar los derechos fundamentales de  éste último. Sin embargo, en los últimos años España se ha empeñado en romper con esta definición y los dos sindicatos mayoritarios del Estado se han propuesto invertir el orden. Parece que las declaraciones del tecnócrata Mario Monti han calado y eso de estar tantos años en el gremio ya les aburre un poco.

- Ser proletario cuesta, mi monedero está vacío y mi barriga necesita aumentar más y más. Pero no importa, mis compañeros me ayudarán (Véanse UE, Subvenciones y afiliados) – diría nuestro bonachón Cándido.

Pese a todo, nos tapamos las bocas, nos ponemos un velo de alquitrán en los ojos y no queremos ver más allá de lo visible. El despido se ha refugiado en el regazo de la empresa privada y la empresa privada se ha encariñado con éste, mimándolo. BBVA ya predice los números del paro a finales de 2012, los sitúa en torno a los 6.000.000 de parados y aún nos consolamos y echamos toda la culpa a la omnipotente palabra comodín: crisis. La desesperanza de innovar y de emprender ya casi es un hecho.  Mi palabra  y la de muchos más ya están ahí. Solo queda esperar.

Darme por ahí.

Romper una letra, escribirla. Mirar alrededor y sólo tener tiempo para eso. Que llueva tras los cristales, que truenen mis entrañas; da igual, voy a seguir en mis quince.
Desaparece todo, me quedo yo y mi ego. Sólo sé que existo y mientras exista la tinta correrá, manchará el papel e intentará transcribir símbolos de una lengua extraña que nada más que el conoce el hombre.
Los dedos tiritan. Mis ojos se cierran. De pronto, ráfagas de hielo verde y azul hacen que tiemble de temor ante algo que olvidé. Las memorias de mi consciente quedan aparcadas en el fondo del salón y bajo el iceberg, surgen extrañas sombras que rememoran a los fantasmas del pasado.
Que en muchas ocasiones piense en escribir pero escriba sin pensar no justifica para nada que lo que diga no me pertenezca o que sólo sean simples ambigüedades inconexas. Es mío y por el hecho de serlo ya debe ser valorado. ¿Por qué? Simplemente, porque soy humano y porque sin eso sería nada más que hueso, carne y pellejo.

lunes, 9 de enero de 2012

Montañas de basura

Éxtasis en conciencias llenas de nada y de sal. Tampoco te encontrarás más. La excepción es la única regla por la que merece la pena luchar.
Ahora, mientras divago, solamente me encuentro cadáveres en las cunetas, farolas que iluminan a cuerpos inertes con blancas cuencas. La cabeza me estalla, me rebota diciendo que no habrá más, que los límites se quedaron en el horizonte, que ya no soy yo. Quizás sea el ansia, la búsqueda de conciencias que nunca fueron mías, de anhelos que acarician quimeras, de agua que cae y congela.
Ayer no había más existencia que un tú que quería ser yo, de egocentrismo que quería escapar, de caracoles que se escapaban por mis fosas nasales. Mi vida se quedaba en muerte, la muerte, en mandíbulas abiertas, en mortajas de blanco hedor, de blanca cal, de blanca camisa.
Mañana, el poderoso yo intentará escapar por una boca cosida a base de los fuertes cordones de mis botas, por orejas que tan sólo escuchan a los latidos de un encogido corazón. Las vocales mantendrán su significante, el significado, cambiará en su totalidad. El tú vuelve a ser un yo recíproco. El placer, aún nuestro.

martes, 27 de diciembre de 2011

Rellenando entre disyuntivas.

Blanco, como el cielo cuando deslumbra demasiado el sol, como el humor de ojo derramado. Rojo, como la sangre que viertes mientras una daga te atraviesa, como la manzana que mordiste mientras dormía. Azul, como el cristal roto, como las moscas en el pescado, como tu sonrisa. Verde, como la hierba, como una mente vacía, como un ser sin ser, como todos, como todo. Amarillo, como mi esperanza, como un septiembre que acaba, como una soga al cuello como tus labios con mis labios, como una trompeta con sordina, como un grito vacío e insípido. Gris, como los bocados de viento, como las huellas de tus dedos en mi espalda, como tu cazadora, como Madrid.
Negro, nada.

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Intentaba arrastrarme lo que podía por sucias calles donde blancos duendes jugaban a ser amos y dueños de su existencia. Los dedos chocaban con cuerdas rociadas de canto de cuco y de quejidos agónicos. Mi mente ya no me pertenecía, lo interno me sucumbía y me dejaba llevar. Indirectamente esnifaba cal de aquellas paredes, me dormía, cabeceaba sin rumbo, cual caballo con orejeras. Las palmadas, los quejidos y los rugidos en el horizonte eran impasibles y aquella muerte dormida en pijamas de caoba y marfil me rondaba sin parar. Una crítica paranoica se disponía a lanzarse al vacío mientras Granada le tosía en la nuca aromas de canela.

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Desear se acaba cuando el deseo no es más que un deseo . Desesperación.

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Y ahora, ¿Qué?